¿No sientes la belleza de la destrucción de las palabras?

Escribe Orwell en 1984:

La destrucción de las palabras es algo de gran hermosura. Por supuesto, las principales víctimas son los verbos y los adjetivos, pero también hay centenares de nombres de los que puede uno prescindir. No se trata sólo de los sinónimos. También los antónimos. En realidad ¿qué justificación tiene el empleo de una palabra sólo porque sea lo contrario de otra? Toda palabra contiene en sí misma su contraria. Por ejemplo, tenemos “bueno”. Si tienes una palabra como “bueno”, ¿qué necesidad hay de la contraria, “malo”? “Nobueno” sirve exactamente igual, mejor todavía, porque es la palabra exactamente contraria a “bueno” y la otra no. Por otra parte, si quieres un reforzamiento de la palabra “bueno”, ¿qué sentido tienen esas confusas e inútiles palabras “excelente, espléndido” y otras por el estilo? “Plusbueno” basta para decir lo que es mejor que lo simplemente bueno y “dobleplusbueno” sirve perfectamente para acentuar el grado de bondad. Es el superlativo perfecto.

¿No sientes la belleza de la destrucción de las palabras? ¿No sabes que la neolengua es el único idioma cuyo vocabulario disminuye cada día? […] ¿No ves que la finalidad de la neolengua es limitar el alcance del pensamiento, estrechar el radio de acción de la mente? Al final, acabaremos haciendo imposible todo crimen del pensamiento.

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