Breve memoria del Café filosófico en FNAC L’Illa

Tal como anuncié, el pasado jueves 9 tuve el gusto de coordinar el café filosófico organizado por Filomania, que tuvo lugar en el Fórum de la FNAC de l’Illa-Diagonal. El tema era la intuición, y resultó de gran interés. Casi todos los asistentes participaron activamente. Comencé preguntando por qué se había escogido ese tema(los participantes lo habían propuesto espontáneamente en la sesión del mes anterior), y qué noción previa del término tenía cada uno de ellos. En general había acuerdo en oponer la intuición al razonamiento lógico, pero tirando un poco del hilo fueron apareciendo ideas interesantes: la lógica es defensiva, responde al miedo a la vida, mientras que la intuición es activa, y constituye una apuesta por la vida, una apuesta por un camino en el que “se pone el corazón”, en palabras de un participante; la lógica elabora largas cadenas argumentativas (que demoran la decisión), mientras que la intuición encuentra atajos. La lógica se orienta por fines, y ordena los medios que nos conducen a ellos, la intuición responde más bien a una visión global, panorámica, capaz de valorar un enorme conjunto de factores. Esto último hizo identificar la lógica como una facultad más bien “masculina”, en oposición a la intuición, que resultaría “femenina”.

La pregunta acerca de si la intuición puede “enseñarse” o es, por el contrario, innata, suscitó viva polémica. Tras ella, consensué con los participantes una fórmula integradora de todas las posiciones expresadas, según la cual la intuición sería una facultad presente en todos nosotros, pero “reprimida” (con perdón) por la razón, de modo que lo que sí puede hacerse es “desaprender” a racionalizar los objetos de la intuición, dejándola así libre.

La segunda parte de la sesión la dedicamos a repasar el papel de la intuición, tal como la habíamos caracterizado previamente, en la ciencia, el arte, la percepción del otro, y de uno mismo. Hubo consenso en la primacía, aunque no exclusividad, de la intuición sobre la razón en todos ellos, pero reconociendo, a la vez, la necesidad de un dominio técnico de cada ámbito para que la intuición pudiera juzgar un papel orientador en él. Para terminar, se propusieron temas para la sesión de septiembre, resultando elegido “El sentido de la vida”.

Quiero destacar que se trató de un diálogo instructivo para todos, incluso para mí como coordinador, pues el nivel de las intervenciones fue muy bueno, incluso más interesante que si se hubiera tratado de un diálogo académico. Considero que fue una actividad profundamente filosófica, aunque en ningún momento se citó a filósofo alguno. Por último resaltar que creo que nos lo pasamos bien, las dos horas de la actividad transcurrieron volando, lo que destaco porque siempre considero apasionantes esos momentos en que lo profundo se une a lo lúdico.

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