Taller de filosofía: Liderazgo y pulsión de muerte en el 15-M

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Este martes, una breve polémica surgida en Facebook en torno al liderato del movimiento 15-M nos ha apartado del camino emprendido sesiones atrás, y nos ha acercado al ágora que se está constituyendo en nuestras ciudades. Hemos, pues, dedicado la sesión a reflexionar sobre la cuestión de si dicho movimiento posee un líder en sentido psicoanalítico, es decir, una figura con la que los diferentes sujetos se identifiquen inconscientemente a nivel del ideal del Yo. Que tal figura no corresponde a un individuo concreto, o a una organización política, a estas alturas parece bien claro. ¿Puede el programa exhibido por el movimiento constituir ese líder? Tampoco parece que pueda ser así, ya que tal programa lo constituyen sentencias razonables que permanecen al nivel de la conciencia. ¿Hemos, entonces, de renovar la teoría freudiana sobre las masas y admitir que el liderazgo no es imprescindible? Quizá, pero quizá también podamos intentar abrir un poco más la noción misma de líder. A lo mejor el líder de ese movimiento es la fantasía de ese sujeto político activo, perdido al parecer hace tiempo, que por identificación inconsciente ha movido a los hombres y mujeres que hasta ahora permanecían en sus casas a tomar parte activa del movimiento de protesta.

También se ha hablado acerca de hasta qué punto es una acción un movimiento, en principio, básicamente negativo, de oposición a un estado de cosas, pero sin una utopía que lo oriente. ¿Qué pasará cuando se empiecen a tomar decisiones?¿Se fragmentará? ¿Será esa fragmentación inherente a la toma de toda decisión (en tanto que cancela las posibilidades no elegidas) la manifestación de la pulsión de muerte que tarde o temprano (o, quizás, ya desde el principio) ha hecho siempre su aparición en todo movimiento de cambio? ¿Hay cambio sin pulsión de muerte?¿Hay pulsión de vida sin cambio?

Abrir este espacio de reflexión a la actualidad ha sido nuestro homenaje y colaboración al 15-M, un movimiento que se caracteriza por ser susceptible de enriquecerse con las aportaciones que se realizan desde todos los ámbitos de la acción y el pensamiento. Éste sería estéril sin salir a la calle, ni que sea “haciendo bulto”. Pero la reocupación del espacio público debe acompañarse de una reflexión acerca del quién y el a dónde de esa acción.

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