¿Son necesarios los líderes? (FNAC L’Illa Diagonal, Abril 2012)

ImagenEn el Café dedicado a la cuestión del poder, surgió la duda acerca de cuál es el papel del liderazgo, que decidimos entonces que constituyera el tema de la siguiente sesión, que fue esta de Abril. Dimos comienzo con una breve lluvia de ideas mediante la que intentamos recoger cuáles eran las características que asociamos a la función del líder, y salieron muchas, algunas difíciles de conciliar. No se sabía muy bien si tenía que ser capaz de resolver con sus convicciones las dudas de sus seguidores, o si más bien no era él quien carecía de ellas, pero tenía una gran capacidad de encarnar un sentir general, las aspiraciones del conjunto.

Parece que la posición del líder tiene bastante que ver con la del espejo: alguien en quien mirarnos, en quien reconocernos, pero que a la vez nos obliga a revisar constantemente quiénes somos y, sobretodo, qué queremos y hasta qué punto. Todo esto dio, como suele ocurrir en los cafés, pie a toda una serie de interrogantes que quedaron por resolver: ¿se ama al lider? ¿ama él mismo? ¿tiene que ver el liderazgo con el amor? ¿qué pasa, entonces, con los liderazgos opresivos? ¿son siempre limitadores de la libertad? ¿o puede ejercerse el liderazgo de manera que, al contrario, la amplíe?

Pero ya se sabe, cuando se empieza a preguntar no se ve el límite, de modo que nuestros interrogantes han ido creciendo en osadía. Así, nos hemos preguntado si el liderazgo ha de ser siempre identificable con un individuo, o puede ser ejercido por una institución o, incluso, por una idea. Lo que sí parece que ha suscitado un cierto consenso es la constatación de que nuestra sociedad no está, como proponía algún asistente al principio, falta de líderes. El asunto parece más que carece de líderes a la antigua usanza: grandes políticos, grandes referentes culturales… Pero eso no necesariamente tiene que valorarse como un empobrecimiento. Seguramente tiene que ver con las nuevas formas de estructuración social que están surgiendo, de modo que la Historia parece que va en la dirección de repartir las funciones de liderazgo, dando lugar a lo que hemos venido a llamar un liderazgo en red. Los líderes, pues, siguen pareciéndonos necesarios, lo que no nos parece necesario, lo que incluso nos parece ya superfluo, es poderles dar un nombre y señalarlos con el dedo.

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