Una estrategia perversa: la corrupción, en primera página

El comentario de actualidad en la radio (escúchalo en DERF agencia federal de noticias)

¿Es inherente la corrupción a nuestro sistema político? Esta pregunta centra hoy todos los debates: los de los medios de comunicación, pero también los de las cafeterías, los de los descansos laborales o de las familias ante el televisor

El problema es que parece una cuestión sin salida: si la respuesta es negativa, el sistema, en su forma actual, perdura apoyado siempre en la esperanza de que existen en algún lugar individuos que ocuparían esos mismos cargos de manera honrada. Si es positiva, si nos dejamos enseñar por la historia, o por la filosofía, o por la psicología, que el cargo hace a quien lo ocupa, nos resignamos al status quo y a que nuestro proyecto vital sea exclusivamente personal, y no social.

Los medios de comunicación españoles han apostado claramente por la segunda opción. Airean la corrupción política en primera página, pero silencian las alternativas: las iniciativas solidarias, cooperativas y educativas, o los espacios de debate y de intercambio, que están llevando adelante pequeñas organizaciones que no disponen de los medios de los grandes partidos políticos subvencionados. Esta política informativa resulta especialmente perversa: las portadas de los grandes diarios aparentan transparencia, pero ese silencio, esa unilateralidad informativa, sospecho que busca que sus lectores claudiquen, que asuman que “en este país somos así”, y que la única salida es para cada uno imitar a sus gobernantes y crearse su propia trama de corrupción: ese servicio que puede cobrar “en negro”, ese empleo que puede obtener por enchufe, da igual, lo importante es olvidar a los políticos (y a los grandes empresarios, y a los directores de los imperios de la comunicación) y dejarles hacer.

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