¡Ingobernabilicémonos!

El comentario de actualidad en la radio (escúchalo en DERF agencia federal de noticias)

Esta mañana muchos nos hemos buscado antes en el espejo de Italia que en el del cuarto de baño . Pero la imagen que hemos encontrado es la del pensamiento único que domina la prensa española.

No sabría decir qué difusas expectativas podría hacer surgir en nosotros un país que se atrevió a pasar, aunque aparentemente en falso, a su clase política por el tribunal, y que ha situado en el parlamento un “tercer” movimiento político que quizás represente lo que a algunos les hubiera gustado que generara nuestro 15-M. El caso es que los titulares de nuestros periódicos no son más que variantes en el orden en que se enlazan al nombre de nuestro país vecino tres expresiones comunes: “ingobernabilidad”, “bloqueo”, y “prima de riesgo”. Coinciden también en una mentira: el partido de Beppe Grillo no es el tercer partido más votado, sino el primero, pues la derecha y la izquierda se presentaban como coaliciones de varios partidos, ninguno de los cuales ha alcanzado los resultados del cómico, único político, además, designado por la prensa por su oficio. Esta unanimidad incluye a la cabecera que se considera a sí misma portavoz de la izquierda, y que, no conforme con sumarse a los lugares comunes ya mencionados, se suma también a las campañas mediáticas italianas que intentan asociar a Beppe Grillo con el neofascismo populista, nacidas de su insistencia en incluir a sus representantes en el diálogo político sin exclusiones.
¿En qué consiste esa ingobernabilidad y por qué asusta? Considero que, aquí y allí, ésa es hoy la cuestión. Ingobernabilidad parece designar hoy en día la necesidad de dialogar. Se presupone que hay gobierno cuando el poder lo acumula una única fuerza política, o cuando se establecen pactos que reparten el poder y suprimen la necesidad de dialogar. Que optimizan la capacidad de quienes ostentan los cargos de actuar, y suprimen la necesidad de exponer en público las razones por las que se actúa. Esto, desde luego, resulta etimológicamente impecable (del latín guberno, pilotar una nave), pero democráticamente cuestionable.
Ha quedado, pues, bloqueada la política italiana bloqueada, o lo que se abre es la posibilidad de bloquear el frente común de la tecnocracia bancaria? ¿No será, pues, el actual reto de la democracia el de ser capaz de asumir el desgobierno? ¿Reconvertir los parlamentos en foros de toma de decisiones? ¿Articular nuevos espacios de discusión? ¿Qué es lo que nos da miedo del desgobierno, asumir la responsabilidad de implicarnos en la política?

Anuncios