Familia y Capitalismo

Las vacaciones son el símbolo del Capitalismo, y la desorientación de las familias que se pasean por las playas de sus acreedores, el de nuestra quiebra social

Programa emitido en Rico al Cuadrado

bebé marcasEscribo desde un destino vacacional del sur de Catalunya. Esto significa que en períodos como este que ahora termina, el paseo marítimo se llena de familias desubicadas que vagan por él con aspecto de preguntarse cuál fue el motivo de su viaje.

Siempre me ha llamado la atención la cantidad de gente que parece resignarse a de sus días de vacaciones más que disfrutarlos. Algo que se pone más de evidencia en fiestas, como éstas, de carácter originariamente religioso pero vividas, al menos aquí, de manera cada vez más laica, sin que este laicismo parezca conseguir del todo dotarse de un contenido alternativo y librarse de la mala conciencia por estar celebrando en el restaurante que aún hay dinero por gastar, y no en la iglesia la pasión del Redentor. Parece que el progreso consista en huir de la pasión, en todos sus sentidos: de la Pasión de Cristo, pero también del padecimiento infligido por el trabajo y la escuela. Cojamos a la familia y llevémonosla lejos de todo lo que causa insatisfacción, a un lugar sin obligaciones en el que todo parezca posible.

Y aquí están, desorientados en esta vida fácil de playa y restaurante, alejados por la indolencia también de ese otro sentido de la palabra “pasión”, el de la pasión como deseo.

Las vacaciones son uno de los símbolos sagrados del Capitalismo, que convenció al obrero de que constituyen una conquista social, cuando son en realidad la condición de que éste cambie el sentimiento de libertad de unas semanas al año por el encadenamiento a la maquinaria productiva el resto de su vida. Pero si hoy he destacado la presencia de las familias en este modelo vacacional, es porque han caído en mis manos las palabras de un teólogo laico suizo del S.XIX, hoy totalmente olvidado, llamado Karl Hilty, y que me parecen de gran actualidad, porque sitúa en la familia el origen de los peligros que vislumbraba en la economía de entonces, y que padecemos hoy: aquél a quien le preocupa más, nos dice, el futuro de sus hijos, esposas, nietos, que el de los de los demás, ahorrará para garantizar su futuro. El ahorro es la causa de las desigualdades sociales, no simplemente porque unos tengan más que otros, sino fundamentalmente porque saca dinero de la circulación y lo deprecia, haciendo que el patrimonio tenga más valor que el trabajo.

El tema, por supuesto, requeriría mucha más elaboración, de hecho inaugura una vía, alternativa tanto a la marxista como a la capitalista, silenciada por ambos sistemas, pero que ha ido brotando aquí y allí en forma de pequeñas economías que se articulan en torno a monedas no ligadas al Estado. Pero hoy sólo quería destacar cómo las palabras, precisamente, de un teólogo (aunque desautorizado en su día por la Iglesia), ofrecen con 150 años de antelación la descripción perfecta de la situación de un país al que se educó en el valor supremo de una familia que ahora pasea desorientada por unas playas que son de aquellos a los que le deben el sueldo de sus próximos 30 años.
Henrik Hdez.-Villaescusa Hirsch
http://www.filosofiapractica.com

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