Incompetencias básicas

El sistema educativo es el mejor indicador de la calidad política de un país • En Catalunya, la administración educativa realiza a sus alumnos una prueba facilitada para diagnosticarse a sí misma su “excelencia”

(Radio en Ricoalcuadrado)

Birrete2+1¿Conclusiones?
La pasada semana, todos los alumnos de sexto primaria de Catalunya realizaron un examen llamado de “competencias básicas”. Teóricamente, el concepto de “competencia básica” procede de los tiempos en que en este país se quería sustituir una educación basada en la memorización de contenidos por otra orientada hacia los procedimientos de aprendizaje. Se identificaron los que eran transversales a las diferentes materias, con lo que éstas perdían protagonismo en favor de aquéllos. Por ejemplo, la capacidad de comprender un texto, no se consideraba ya algo a trabajar sólo en los textos de la clase de lengua, sino también en los enunciados de los problemas de matemáticas. O la capacidad de cálculo, que podía ponerse en práctica también en, digamos, el estudio de la Geografía. Pero hoy, bajo ese nombre y con esa excusa, lo que se lleva a cabo consiste más bien en poner a los alumnos de sexto de primaria un examen de cuarto para el que los han preparado mecánicamente durante dos semanas, conseguir grandes calificaciones y concluir que los resultados de la política educativa en Catalunya son, por decirlo en la jerga oficial, “de excelencia”.

Si propongo hoy esto como titular es porque me parece un símbolo muy adecuado de cómo manejamos los problemas aquí. ¿Qué la inflación es alta? Cambiamos el método de cálculo del IPC (ya se hizo hace unos años y se habla de volverlo a hacer). ¿El déficit público? Dejamos de contar como déficit, por ejemplo, nada menos que las ayudas a la Banca (la Comunidad Europea ya lo ha denunciado en los dos últimos ejercicios). ¿El presupuesto de Defensa no se recorta? Contabilizamos la venta de armas como cooperación internacional. Es como vivir en un teatro. Y la imagen teatral de la vida es necesaria para afrontarla, pero siempre llega un momento en el que hay que levantarse de la butaca.

Ahora bien: las estadísticas oficiales son fáciles de crear y difundir desde una oficina gubernamental, con unos cuantos funcionarios dispuestos a ello. Los sistemas educativos, en cambio, exigen la coordinación de un número mucho mayor de profesionales pero, sobre todo, exigen la colaboración de todos los sectores sociales. Es por ello que pienso que son, por así decir, el mejor indicador de la calidad política de un país. Lo fue cuando, en los años treinta del siglo pasado, anidó aquí la ilusión por renovar la escuela y hacer de ella, no un templo del saber, sino de la ilusión por aprender. Lo fue cuando, en los cuarenta, expulsamos a una generación entera de maestros y volvimos a aceptar que educarse era agachar la cabeza y aprender a repetir bajo la amenaza de la regla. También al comienzo de la Democracia, en los setenta y ochenta, cuando parecía que se quería recuperar lo que se perdió cuarenta años atrás. Y lo es ahora, en que la escuela se esfuerza en cambiar su imagen, pero está totalmente desorientada respecto a su fondo.

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