La Preterología (“El Despensario” en “Hablamos”, RKB 106.9 FM

La Preterología es un método científico para predecir el pasado. Así lo define el poeta Antonio Porpetta en uno de sus mínimos cuentos (Método). Y yo me pregunto si la Antropología no resultará que tiene algo de eso. ¿Es tan predecible el pasado?¿No nos sorprendemos cada día con nuevos relatos sobre ese pasado, nuevas objetividades históricas?¿No nos enseña la Antropología algo de la manera que cada uno de nosotros tenemos de relacionarnos y apropiarnos con nuestro pasado?

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Salvación y menstruación: dos rituales, dos tiempos, dos sexos. (El Despensario, en “Hablamos”, RKB FM 106.9)

La diferencia de los sexos nos inquieta a todos desde el principio del tiempo: el de la historia y el de cada uno de nosotros. También a la Filosofía. Hoy aprovechamos el tema del programa para preguntarnos si los rituales que marcan el paso del tiempo y la construcción de la subjetividad son los mismos en el hombre y en la mujer. Y, en caso de que no lo sean (respuesta que avanza el título que le damos hoy al espacio), qué pueden contarnos de nosotros mismos, y qué diálogo es posible entre seres que están en el tiempo de una manera tan diferente.

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¿Dónde estás?¿Dónde estoy? (El Despensario 23/02/12, Hablamos, RKB 106.9 FM)

La semana pasado Hablamos trató la depresión, ésta la ansiedad. Son difíciles de disociar, hasta el punto de constituir juntas el conocido como “trastorno bipolar”. ¿Qué es lo que las une? Ambas hunden su raíz en la pérdida del objeto. La una como conciencia de esa pérdida, la otra como miedo a ella. En efecto, el “miedo a nada” bien parece ser, más bien, un “miedo a la nada”, a que no haya nada, a que nada sostenga mis representaciones ni, por tanto… a mí mismo. Esta conciencia/miedo a la pérdida de mí mismo, posíblemente sea el fundamento más profundo de la una y de la otra. ¿No será la incapacidad de llenar ese vacío que es el Yo la causa de la alternancia de estados de ánimo tan extremos? En busca de la respuesta, hemos vuelto, otra vez, a recordar a Kierkegaard, y hemos concluido que sólo un aprovechamiento creativo de la angustia puede dar consistencia a nuestro yo y “salvarnos”, convirtiendo el abandono depresivo y la ansiedad fugitiva en una búsqueda productiva.

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El Despensario (RKB 106.9): Una poética del diagnóstico

Acudimos al médico aquejados de algún mal y esperamos que el médico, tras su examen, emita un diagnóstico. El diagnóstico es el nombre de lo que nos pasa, es lo que nos da carta de naturaleza ante el sistema sanitario y ante los demás como pacientes. Sin diagnóstico devenimos sospechosos, raros como la enfermedad que padecemos (o simulamos, o alucinamos).

Ahora bien, ¿no será condición de la cura de toda enfermedad que se la reconozca como rara, singular, propia, mía?¿Cómo asumir la responsabilidad en la superación de un mal que es, como su nombre (su diagnóstico), de todos? La generalización del diagnóstico parece perseguir más el conocimiento de la enfermedad que el conocimiento del enfermo.

Pero es difícil pensar una medicina que prescinda del diagnóstico. El diagnóstico es el lenguaje en que los médicos se comunican, el lenguaje en que hablamos de lo que nos pasa. Quizá el asunto esté en qué uso le demos a ese lenguaje. A lo mejor, junto a su uso científico, técnico, quepa un uso poético del diagnóstico, aquel en el que se utiliza no para cerrar la cuestión de qué nos pasa, sino para abrir la de quién es ese al que le pasa eso.

El Despensario (RKB 106.9): La cura sin mal

Cuando nos sentimos enfermos, o nos dicen que lo estamos, nos apresuramos a elegir la terapia a la que confiar la solución de nuestro mal. Ahora bien, ¿no es precisamente entonces cuando se hace urgente plantearse preguntas acerca de lo que pueda ser la enfermedad, la salud o la cura? ¿No admitimos demasiados supuestos en la comprensión de estos conceptos?

Una pequeña hojeada histórica nos permite comprobar que el concepto de cura ha variado mucho a lo largo de los siglos, y no necesariamente para implicarnos mejor en ella, sino parece que más bien para hacernos eludir la responsabilidad sobre ella. Ahora bien, ¿no lleva esto a eludir la responsabilidad sobre nosotros mismos?

Si curar es, en el fondo, como para los antiguos, dialogar con nosotros mismos, quizá tengamos que aprender a pensar en la enfermedad más allá del bien y del mal, de la verdad y la falsedad. A entenderla más bien como interrogante que el cuerpo nos plantea con urgencia acerca de nosotros mismos.

El programa puede revisarse, como siempre, aquí

El Despensario (RKB 16.9): El tiempo de la transferencia

La transferencia da mucho que pensar, pero yo he querido fijarme en lo que nos permite des-pensar: el tiempo. El tiempo nace, transcurre, se dirige hacia un fin. Eso nos han enseñado, pero… ¿no hay otro tiempo que éste, lineal y unidireccional? ¿No será el dominio, en nuestras ciencias, de esta temporalidad unidireccional, de esta flecha del tiempo, lo que nos condena a preguntarnos siempre por su sentido y, en consecuencia, por el sentido de lo que en él transcurre?

La transferencia pone en primer plano otra vivencia del tiempo. El tiempo de la transferencia es un tiempo que, por decirlo así, se pliega, de manera que puedan encontrarse instantes separados por años. No se trata de una simple cuestión de recuerdos, remisiones, resignificaciones incluso. Sino de que lo que tiene lugar en la transferencia es una auténtica actualización del pasado.

Como siempre, el programa puede encontrarse aquí.